ADAPTACIÓN TEATRAL
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Lo que primero me gustaría dejar sentado, es que la
historia no es una ciencia exacta. |
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Aquí en Atapuerca, tampoco hemos podido evitar
controversia en cuanto a los hechos y circunstancias relativas a
la Batalla de Atapuerca. La realidad, es que echando un vistazo a
los datos documentados, existen versiones del mismo hecho, tiempo
y lugar, desarrollados con opiniones verdaderamente contrapuestas.
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Así pues, nos hemos encontrado con contradicciones en lo que respecta a la personalidad de los monarcas enfrentados, a la presencia del Cid Campeador en los hechos, ante la dudosa realidad del adulterio causante del desenlace final, incluso, existen serias dudas acerca del lugar concreto donde ocurrieran los hechos. De lo que sí podemos estar absolutamente seguros, es que en los valles de Atapuerca, el día primero de septiembre del año 1054 se encontraron los ejércitos de Fernando I de León y Castilla y los de García de Navarra, resultando vencedor el primero, obteniendo con ello, el mayor poder que ningún monarca de la península cristiana, amasara hasta entonces. |
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Sería allá a finales de la década de los ochenta, o muy principios de la de los noventa cuando surgió la primera idea sobre la representación de la historia de Atapuerca, ésta debía abaracar desde el pleistoceno hasta la actualidad. Básicamente, la idea era desarrollarla en un pequeño escenario, y sería interpretado por jovencísimos actores. Tras esa primera iniciativa, y con el fin de realizarlo con la mayor documentación posible, la primera labor fue la de recopilación de datos históricos. Pronto vimos que, a pesar de la valiosa ayuda de Luis Martínez, Profesor de Historia Medieval de la Universidad de Burgos, tal empresa nos llevaría muchísimo tiempo. El primer tropiezo serio: la época romana, que habiendo, como hay vestigios de aquella cultura por los alrededores del pueblo, nada documentado se encontró que hiciera referencia a ello. En este, relativamente penoso trabajo nos encontrábamos, hasta que vimos que entre todos los datos de que disponíamos, el episodio más completo correspondía al de la Batalla de Atapuerca, decidimos pues su puesta en escena. Y ya que contamos en los alrededores del pueblo, con la presencia de un menhir con una inscripción alusiva al hecho –a pesar de saber que dicha inscripción fue realizada en la década de los cuarenta del pasado siglo, y de que ningún historiador sitúa la lucha en ese lugar–, decidimos utilizar aquellas tierras como escenario del evento. ¿De cuántos actores contábamos para representar dos ejércitos que pudieran contar con un millar de efectivos cada uno? Pues, si no recuerdo mal: una veintena de soldados, los dos reyes, el traidor y para de contar. La megafonía: un equipo de 80 w y un micrófono de cuya calidad apenas nadie pudo dar fe, pues el público, que sorprendentemente pasarían de los dos centenares de personas, rebasó los límites establecidos para poder ver más de cerca a los actores, dejando atrás al equipo de megafonía y a la presentadora que solitariamente iba relatando los hechos. Consecuentemente, muy pocos pudieron atenderla y seguir así la cronología de los hechos. |
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Otra sorpresa fue la repercusión que aquello tuvo en los
medios de comunicación, no sólo porque varios de
ellos reflejaron nuestra representación mediante la típica
nota de prensa, sino porque en poco tiempo, varios eruditos
plasmaron su opinión sobre el hecho. Concretamente en un
caso, nos presentó a la que sería en el futuro, uno
de los personajes más importantes de nuestra
representación: Velasquita, la mujer de Sancho Fortún,
la que cometiendo adulterio con D. García, provocó
la debacle del reino de Navarra. La puesta en escena de aquella
ocasión, que para los que no conozcan el lugar, se trata de
un escenario de algo más de medio kilómetro de ancho
por poco menos de un centenar de metros de profundidad, valle
resultante de la confluencia de varias vaguadas en cuyo centro se
encuentra el famoso menhir. El público debía
colocarse en línea, y ocupando no más de un centenar
de metros, frente a lo que sería el escenario central,
donde debían desarrollarse las escenas principales. Aquel
primer montaje ya contó con abundante ayuda por parte de
vecinos no actores, pues se tuvieron que coser varias tiras de
tela, con el fin de hacer grandes rectángulos de tela a
modo de enormes sábanas, unas de color caqui, y otras
grises, que sosteniéndose por sus cuatro esquinas por
sendos cuatro actores, constituyeron cada cuerpo de ejército.
Si no recuero mal, conseguimos preparar tres cuerpos de ejército
para cada bando, de aproximadamente 5 x 6 metros. De esa misma
tela se hicieron unos simples ponchos fruncidos con una cuerda
gruesa de pita a modo de cinto. Los reyes, montaban elegante
corcel realizado en poliexpán: cabeza y cuello pintado de
colores marrones, sostenido sobre la barriga por la mano libre de
cada monarca. Iban tocados por sendas coronas de cartón,
procedentes de una promoción comercial y las espadas, que
no llegaban para todos, eran de madera. Con este atrezzo, y el
guión desarrollado a partir de la documentación de
que disponíamos, se interpretó la obra del siguiente
modo: Mientras la presentadora iba narrando algunos pormenores de
la batalla, ambos ejércitos iban apareciendo por los
horizontes de ambos lados del público, a mano izquierda,
desde Agés, el ejército de Navarra, y a mano
derecha, desde Atapuerca los de Castilla. Mientras se acercaban,
movían las telas que sostenían alzando y bajando los
brazos. Coincidiendo más o menos con la narración de
la presentadora, se iban sucediendo los hechos; ambos ejércitos
se detuvieron acechantes uno frente al otro, esperando una última
oportunidad. Desvanecidas tras el parlamento entre los monarcas,
todas las esperanzas, tuvo lugar la lucha. Ésta se
desarrolló en forma de baile de cuerpos de ejército,
entrecruzándose unos con otros, representando el caos que
debió reinar. El traidor puso fin a la vida del regidor
navarro, sus hombres huyeron y, dando fin a la representación,
D. Fernando castiga al asesino. |
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Poco después de terminado aquel montaje, todos los que participaron en él, insistieron en la necesidad de desarrollarlo. Así pues, en las sucesivas representaciones, fueron mejorando paulatinamente, trajes, estandartes, armamento, etc. Desde la segunda representación hemos podido contar con la inestimable participación del rapsoda Emilio Gómez. narrando el evento. El guión, pasó de ser un simple folio con una narración de los hechos, a ser un documento teatral con sus tiempos, expresiones de lugar, diálogos y narraciones. En cuanto a actores, pasamos de la veintena, hasta los más de un centenar con que se desarrolla en la actualidad. Los actores con diálogos, han pasado de ser tres, a siete. Sus pláticas “en off”, –de modo que los actores sólo tenían que gesticular demostrando su dicción–, son ahora interpretados en su integridad, en vivo, transmitiéndose sus voces mediante micrófonos inalámbricos. La megafonía, pasó de un solo altavoz de 80 w, a multiplicarse por 50 la potencia de la primera representación. Un año colaboró el director de teatro Juan Luis Sáez, gracias a su participación se desarrollaron la puesta en escena de los actores, la colocación y desfile de ejércitos, así como la coreografía de la lucha. En los últimos años, contamos con la colaboración de la actriz Amelia Sáiz, dirigiendo los ensayos de los papeles principales.
La próxima representación de la Batalla de
Atapuerca, será la decimotercera, y Dios mediante, se
celebrará el domingo 24 de agosto de 2008.
Esperamos que tú nos digas qué opinión te ha
merecido...
A.L.G.