| HISTORIA DE LOS POBLADOS DESAPARECIDOS (1) | HISTORIA DE LOS POBLADOS DESAPARECIDOS (2) |
Tras la investigación en archivos y colecciones de documentos antiguos, se constata que no es mucha la documentación, sólo algunos datos sueltos depositados en el Archivo de la Catedral de Burgos, en el Archivo Municipal de Burgos, otros pocos incluidos en la Colección Diplomática del Monasterio de las Huelgas, de San Pedro de Cardeña y del Monasterio de San Salvador de Oña, y, ya con referencia a épocas posteriores al siglo XVI, la documentación perteneciente al Archivo Parroquial que, en su día se trasladó al Archivo Diocesano, actualmente en el Palacio Arzobispal de Burgos. La ausencia de documentación, sobre todo para épocas primitivas, es un dato que para el autor tiene un cierto valor. Entre los años 900 y 1.000, que es cuando supuestamente surgiera Atapuerca, sólo los hechos excepcionales se ponían por escrito. Apenas había gente que supiera escribir o leer, y el soporte donde se escribía, el pergamino, era un elemento costoso, limitando aún más, si cabe, las transcripciones. La cultura, usos y costumbres eran trasmitidos oralmente. Así pues, la ausencia de datos puede significar para aquellas gentes; buena vecindad, amplias cotas de libertad y prosperidad económica. Lo cual no es poco refiriéndose a época feudal. En efecto, Atapuerca, con Olmos fue la villa que durante más tiempo se mantuvo libre e independiente de ambos lados de la Sierra. Dependía directamente del rey -realengo- hasta que fue entregada a la Orden de San Juan de Jerusalén en 1.138.
El primer documento escrito en el que aparece el nombre de Atapuerca es del año 936. Una tal Doña Fronilde, dona al Monasterio de Cardeña, entre otras, la villa de Orbaneja de Río Pico, donde dice; "...per summa serra de Adtaporka usque ad ecclesie Sancti Vincenti que est super illa cueba...". El segundo en antigüedad, del año 1.068, es un privilegio otorgado por el rey Sancho II de Castilla por el que concede al obispo de Oca Don Simeón como paso previo a su traslado a Burgos en 1.075, muchas iglesias y posesiones, entre otras "...et in Ataporka duas ecclesias cum suis adjacentiis".
1.054 la batalla de Atapuerca transcrita a través de cronistas 100 años después; la Crónica Silense, la Crónica Najerense (1.140-1.160) y los Anales Compostelanos (h.1.140), las tres crónicas coinciden en; "Iam autem Garsias in media valle de Athaporca (Silense:Athaporka)posuerat castra...". En 1.071, un individuo llamado Morelle dona al Monasterio de Cardeña unas casas "... in Atapuerka, in villa quidicitur Quintana, cum tota sua hereditate...". Como se puede ver, en ningún documento se hace referencia a la villa de Atapuerca, sino, en un caso es la Sierra de..., en otro el valle de...y en otro se emplea como topónimo, en un caso para decir que está la villa de Quintana, y en otro para señalar que hay dos iglesias. Sugiere el autor que podría emplearse el nombre de Atapuerca para designar un territorio que incluyera varias poblaciones.
Sin embargo, el documento más importante está fechado en 1.138, firmado por el rey de Castilla Alfonso VII, que es el Fuero de Atapuerca, documento que se conserva en la Biblioteca de la Real Academia de Historia de Madrid. En éste sí se habla de la villa de Atapuerca (Ataporcha) y de sus vecinos. Por ese documento, el rey confirma la donación que su madre, la reina Doña Urraca hiciera de la villa a la Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, a la vez que establece la normativa legal que ha de regir la vida en Atapuerca.
Tras indicar que los especialistas en Toponimia no se ponen de acuerdo sobre el origen y sentido de los vocablos, Adtaporka/ Adtaporta/ Ataporcha. Refiriéndose a la opinión, a su juicio poco convincente, del caterdático de Historia del Derecho G. Martínez Díez: "Adtaporka, como palabra compuesta de adta con sentido de hasta, y porca o puerca, hembra del jabalí, aunque resulta difícil precisar qué se quiere significar en concreto con esa expresión"(Pueblos y Alfoces).
La interpretación más razonable del conferenciante, (con J. Mª Solana, catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Valladolid): Atapuerca de raíz preindoeuropeo; topónimo formado por alba/alpa/alta como piedra o fortaleza y puerka o puerta como umbral o punto de observación. Nombre aplicado en principio a la sierra, de donde lo tomaría al aparecer la villa. La aparición en la documentación de los siglos XVII, XVIII y XIX del término "Tapuerca" lo considera un hecho de menor importancia.
Los orígenes del pueblo, los relaciona con el proceso de reconquista cristiana desde el norte peninsular. Los asentamientos humanos estables y duraderos en estas tierras debieron de ocurrir entre los años 800 y 1000 d.C. Considera, sin embargo, muy probable la existencia de una población anterior, en este lugar; Los refugios naturales de la sierra, los restos de periodo Neolítico (4000 a 2000 a.C.) de cerámica, piedra pulimentada, tejidos. Los grabados rupestres de la Galería de Sílex , el menhir y los dólmenes, son testimonio de los asentamientos, más o menos inestables, más primitivos. También hay constancia de asentamientos correspondientes a la Edad del Bronce (2000 a 750 a.C.) y del Hierro (750 a 0). A la segunda Edad del Hierro (300 a 0) pertenecen los grupos prerromanos celtibéricos de carácter gentilicio. La frontera entre Autrigones y Turmogos se situaría en nuestra sierra. La existencia de los restos romanos, la cercanía de la vía romana Aquitana en Quintanapalla,(de 0 hasta 450 d.C.). -Recordó los restos de mosaicos, estructuras y materiales cerámicos romanos descubiertos por J. L. Uribarri en el término de Atapuerca-. La época visigoda (450 a 700 d.C.). Sin embargo subrayó: "Pero nada permite pensar en poblamientos al aire libre de estas épocas. Y en el supuesto de que los hubiera habido, nunca llegaron a ser estables, desapareciendo como desaparecieron otros situados en la Cuenca del Duero después del hundimiento del Estado Visigodo y la llegada de los árabes, quedando toda la zona prácticamente despoblada, -o mejor desestructurada-, es decir fuera de todo control y organización política, hasta la llegada de los cristianos a partir del año 800 d.C. (Burgos, 884). Los primeros asentamientos tiene un carácter militar; Burgos, Quintanapalla, Arlanzón. A la sombra de sus castillos irán surgiendo las aldeas. Concretamente en el valle del Vena, las primeras aldeas serían Atapuerca y Agés, que aparece citada en el año 944. Muchos de aquellos colonos provenían de territorios vascos o navarros, dejando nombres como: Alarcia, Herramel, Urrez, Uzquiza, Froncea, Galarde, Zalduendo, Ochavro, Agés, Cuzcurrita, Ibeas, Juarros, Villabáscones..., quién sabe si Atapuerca..., Todos topónimos vascos. Otros serían familias autóctonas, familias residuales y desorganizadas, refugiadas en la sierra. En este sentido hay que esperar los resultados de estratos superficiales de las excavaciones de la Sierra, pertenecientes a las últimas fases de habitación de grupos humanos en cuevas.
Prueba de las óptimas condiciones que ofrecía el valle del Vena para el asentamiento de pequeñas villas, es el alto número de ellas surgidas por entonces: Santovenia de Oca, citada por primera vez en 972 como Santa Eufemia de Agés, Agés, Atapuerca y Olmos. Además, hubo otros ya desaparecidos: Entre Santovenia y Agés, dos: Caprúz, situado al lado de la ermita, y Ochavro, en dirección a Zalduendo.En el término de Atapuerca, uno conocido como Quintana, a 1.500 m. al noroeste, en el pago del mismo nombre, otro Santa Mª de Barruelo, junto a la fuente de Barrigüelo y un tercero con el nombre de Atapuerca que se situaría en el actual barrio de la Revilla, cada cual con su iglesia y territorio específicos. Entre Atapuerca y Villalbal, la villa de Santa María de Villallano, en el término de Villalval, junto a la fuente Cañuta. Esta alta densidad de poblamiento, explica, a juicio del autor, unas favorables condiciones; buena protección a posibles ataques de árabes, abundantes aguas y una tierra amplia, fértil y variada.
También era importante el alto valor estratégico del valle y la Sierra de Atapuerca. existiendo, a derecha e izquierda dos grandes calzadas que unían el Centro de la Península con el Norte y con Francia: La vía aquitana, y la vía francesa de Villafranca Montes de Oca y Belorado. Además, el valle lo atravesaba de arriba a abajo la ruta de la lana que desde Ibeas, cruzando la Sierra iba por Fresno de Rodilla hasta Briviesca. No podemos olvidar, en este contexto, el hecho que, durante algún tiempo, la frontera entre Navarra y Castilla se situara en la propia Sierra. Tras la reincorporación a la Corona de Castilla, al Valle del Vena le sobrevendría un fuerte impulso colonizador y económico Probablemente entre los siglos XI y XII, vivieran nuestros antepasados una de las épocas más brillantes del valle: Organización definitiva de los términos, obras de infraestructura (puentes, fuentes, molinos, etc...), y sobre todo:
Uno La travesía del Camino de Santiago, Atapuerca aparece citado en el Codex Calixtinus o Liber Sancti Iacobi, primera guía de peregrinos, obra de aymeric Picaud, escrita a mediados del siglo XII. En este punto, el autor indica que el Camino de Santiago más antiguo y concurrido pasaba desde Villafranca por los Montes de Oca, valle del río Arlanzón, Ibeas, San Medél, Castañares y Burgos, y sólo tras la fundación del Monasterio de San Juan de Ortega, en lo más espeso y peligroso de los Montes de Oca, animó a algunos a seguir la nueva ruta.
Dos La señorialización del territorio, esto implica que el rey, autoridad que ejercía justicia, nombraba regidores y cobraba rentas y tributos, entregaba con ese hecho esos poderes a la nobleza, sobre todo a la nobleza eclesiástica, que en el futuro ejercería el poder en beneficio propio: Santovenia de Oca pasó a pertenecer al recién creado Monasterio de San Juan de Ortega. Agés pasó a la autoridad del monasterio de Santa María la Real de Nájera (entonces de Navarra). Caprúz quedaría bajo el Hospital del Rey de Burgos, Quintana sería donada por Alfonso VII (en 1146) al Mº de Sta. Mª de Villalbura (entre Arlanzón e Ibeas, San Bernabé).
A finales de la Edad Media se despobló quedando sólo una ermita dedicada a Santa Mª Magdalena y un término dado a censo al concejo de Atapuerca por 140 fgs. de trigo/cebada y 6 gallinas. Y Santa María de Barruelo pasaría al Cabildo Catedralicio de Burgos hasta desaparecer, a finales de la Edad Media sólo existe la ermita de Santa María Egipciaca ("Suciaca") con 20 fgs de sembradura dadas a censo a vecinos de Atapuerca. Coincidiendo con esos hechos, en el año 1138, por disposición de Doña Urraca, confirmada por el rey Alfonso VII, Atapuerca pasa a pertenecer a la Orden de San Juan de Jerusalén (Orden creada en 1048 en Jerusalén para cuidar a los peregrinos, formada en parte por religiosos y en parte por militares. Se establecieron aquí para recaudar fondos para el Hospital de Tierra Santa, aunque, por su condición de guerreros, velaban también por la seguridad del Camino de Santiago). No consta que vivieran aquí en comunidad. Atapuerca era un punto intermedio entre la encomienda de Buradón y la de Burgos. Lo que no quita que construyeran algunos edificios, principalmente un almacén donde albergar las rentas en especie de los vecinos de Atapuerca, probablemente situado en el pago de San Polo, lugar intemedio entre Quintana, Santa María de Barruelo y la primitiva Ataporcha, convirtiéndose sus habitantes en vasallos de los maestre y priores de aquella Orden. Transformándose, 300 años más tarde, con la imponente iglesia de San Martín en el elemento aglutinador de aquellos pequeños poblados.
El articulado de 15 puntos que establece las normas de convicencia, o estatuto jurídico por la que deben regirse sus vecions, es El Fuero De Atapuerca, del cual, el autor destaca entre las obligaciones como vasallos: Como trabajo físico, el deber de hacer la serna (trabajar en la labrabza de la Orden) 4 días al año: dos a arar, uno a cortar y acarrear leña y otro a segar; quien tuviera yugo de bueyes, con ellos, y el que no, en persona. A cambio, el señor tenía que darles: pan, vino, carne condimentada con aceite o legumina y queso (o butiro). Como pago en dinero; cada vecino con heredad había de dar al señor la renta por San Miguel, la Infurción consistente en dos sueldos, la vuida y el joven, la mitad. Un juez nombrado por la Orden de entre los vecinos, se encargaría de convocar las sernas y recaudar los derechos y la penas judiciales (caloñas) para la Orden de San Juan.
Sin embargo no todo eran cargas y obligaciones. El Fuero de Atapuerca era un privilegio del que no disfrutaban muchas villas en la Edad Media. Así por ejemplo, se les eximía del pago de impuestos generales como la fonsadera, montazgo y portazgo (por uso de pastos y vías) además de pagar las caloñas y penas judiciales conforme al Fuero de Lara, es decir, 1/4 de su importe. Pero el más importante y peculiar, es el que otorga a sus habitantes libertad de movimientos sin pérdida de sus heredades y la libre disposición de las mismas. (Eso explica la abundancia de propietarios foráneos, hombres de negocio e instituciones eclesiásticas de la cuidad e Burgos, quienes comprarían las heredase en venta para luego darlas en renta a labradores. En este sentido, un artículo concede el beneficio a los de Atapuerca y Quintana de poder residir en cualquiera de los dos lugares sin impedimento por parte del señor. (esta diposición acelerará el proceso de unificación de las villas, hecho que debió coincidir con la crisis del siglo XIV.
y tres... También hay disposición relacionada con el Camino de Santiago; el rey dispone que, si un peregrino fallece en la villa sin haber hecho testamento, los bienes que lleve consigo se queden en poder del amo de la casa en la que falleciere (esto implicaría la inexistencia del hospital). El Fuero acaba con un párrafo por el que dona a la Orden y a los hombres de Atapuerca el monte de Tranzos (se pregunta el autor si fuera una referencia a Mataterrazos) sito entre la dehesa de Quintanilla, la dehesa de San Julián y el monte de Cuzcurrita. Y al final de texto, se advierte que cualquier actuación contra lo dispuesto en el Fuero, será penalizada con 6.000 sueldos y una medalla de oro para el rey y el doble para la Orden de San Juan. El Fuero fue firmado por el rey en Villafranca Montes de Oca, quién recibió en agradecimiento de todo el concejo de Atapuerca, vacas, carneros y cerdos valorados en 200 maravedís.
Este Ordenamiento Jurídico-administrativo estuvo en vigor durante todo el Antiguo Régimen, desapareciendo en la primera mitad del siglo pasado al establecerse la jurisdicción estatal única y llevarse a cabo la desamortización de bienes eclesiásticos. (En 1752, según Catastro del Marqués de la Ensenada, la jurisdicción ha vuelto de nuevo a la corona, si bien la Orden de San Juan mantenía ciertos derechos que ascendían a 60 fanegas de pan mediado de renta).
Hace notar, que este importante documento es del año 1138. En lo que queda de la Edad Media hasta la época de los Reyes Católicos (finales del siglo XV) la documentación se hace más abundante pero de carácter particular y de menor importancia. Se pueden destacar dos privilegios del rey Alfonso X el Sabio: uno escrito en el año 1270 para salir en defensa de los derechos del señor de Villamórico Ponz de Vals propietario de los montes de S, Cebrián y Villamórico que no eran respetados en leñas y en pastos por los de Atapuerca, Agés y otros concejos vecinos, entonces miembros de la Hermandad de Montes de Oca; y otro de 1278 por el que el rey ordena que se respeten los privilegios de los hombres de Atapuerca, vasallos de la Orden de San Juan, y en concreto el que tienen de no pagar sal cuando van al mercado a Burgos.
Por entonces tiene lugar la reorganización definitiva del hábitat de Atapuerca y su término, concentrándose en único núcleo, como en la actualidad. Desaparecen los pequeños poblamientos de Santa Mª de Barruelo y Quintana; se construye la Iglesia de San Martín y a su sombra se va construyendo el nuevo casco. Incluso los de la Revilla tienden a desplazarse hacia la base de la ladera. Por entonces también se estabiliza el número de vecinos. Según el Padrón de 1528, (primer censo de población conocido por la Corona de Castilla) Atapuerca cuenta con 38 vecinos. (Quintanapalla, 54; Barrios, 39; Fresno de Rodilla, 34; Agés, 33; Santovenia, 25; Zalduendo, 22 y Olmos, 20). Atapuerca se sitúa en posición media alta, sólo por debajo de Quintanapalla y Arlanzón, situadas en las grandes rutas de Burgos-Logroño y Burgos-Álava respectivamente. Así puede haber llegado hasta nuestros días. En los siglos XV y XVI a finales de la Edad Media y comienzo de la Edad Moderna, debieron de ser, a pesar de todo muy favorables para la villa.
Además de reorganización de hábitat y estabilización de vecindario, ocurre que los vecinos van recuperando el protagonismo económico al recibir mediante censos perpetuos y a través de concejo las tierras de los propietarios absentistas, aquellos hombres de negocio e instituciones eclesiásticas burgalesas que, previamente lo compraron al permitírselo el Fuero. Así, por ejemplo, según Apeos de ss. XVII y XVIII: el Condestable de Castilla, el Mº de la Trinidad de Burgos, el Mº de las Huelgas, el Hospital de San Juan, el Hospital del Rey o el Cabildo catedralicio de Burgos, las parroquias de S. Esteban y S. Román de Burgos, etc...; o el Mº de S. Juan de Ortega, que llega a poseer unas 250 fanegas de sembradura más el término redondo de Baldoba de 150 fanegas (hacia Barrios y Fresno). Las estructuras urbanas (calles, plazas, etc.) es trazado en esa época, concretándose definitivamente el término. Aparecen entonces topónimos de Caminos Reales como: El Camino de los Carrilleros en dirección Burgos, Camino Real a Agés y Olmos, Camino Real entre Quintanapalla y Barrios por Cuesta Sancha y, el más importante, el Camino Real por el que iban los arrieros de Fresno a Ibeas y viceversa; la ruta de la lana. Caminos locales como el camino del Pozuelo o carrera que va a la ermita de la Magdalena que llaman Quintana y a la fuente de Oncalada, o el camino de Trasquintana. Pagos como Valbostar, Torrecilla, Las Machorras, Las Matas de Olmos, Ontanillas o Cucarazal, Fuenteavellano, Abarrederas (a Olmos/Quintanapalla), El Andrinal, Val de la Dueña, Valdegato, Cuesta Sancha, Los Aciales, Ruianco,... Y por la zona de Quintana: Las Eras de Quintana, Huerto Viejo, Quintaniza, el Pozuelo o la Zarzosa. Y por el lado de la Sierra: Fuente Ongamar, Oyo Pelleja, Fuente Von, Agua Matrada, Carrimolino, Crucero, Calicántara, La Presa, Cerronogal, Los Tres Rebollos, Piedrahíta, Cuesta El Canto, Fin de Rey, Vallecillo,... Entonces se refuerzan las solidaridades vecinales: el hospital y las cofradías. Como la Cofradía de la Veracruz, de la que se conservan cuentas a partir de 1584. Su principal cometido era la de organizar la procesión del Jueves Santo, que salía de la Iglesia parroquial e iba hasta la ermita de San Andrés(¿en la Revilla?) desde donde volvía otra vez a la Iglesia; los cofrades iban descalzos con candelas en las manos. O la Cofradía del Rosario, documentada a partir del año 1582. La misión de estos cofrades era la de asistir al entierro del hermano difunto. En 1811 se une a la Cofradía de la Veracruz. De la existencia de un hospital en la Revilla, se conservan varios libros desde el siglo XVII en el Archivo parroquial. Dependía conjuntamente del concejo y de la parroquia. Por finalidad tenía la de hospedar a los pobre y transeuntes impedidos o enfermos. Cada año se nombraba a un mayordomo u hospitalero para atenderles, hacer las camas, dar una taza de caldo si la querían y llevar a los imposibilitados en caballería o en carro hasta Olmos, por lo que cobraba 6 fanegas de trigo/cebada al año. El Hospital tenía, en 1650, cuatro camas, y de renta 10 fanegas al año. Según declaraciones de los vecinos en el Catastro del Marqués de la Ensenada, redactado el año 1752: La población se llama "TAPUERCA" . Es villa realenga y como tal pagan los vecinos al rey los Derechos de Alcabalas, Cientos, Sixas y Servicio Real haciendo la entrega en Burgos y Santo Domingo de la Calzada.
En relación con el término se dice que no hay tierra de regadío. El secano es de 1ª, 2ª y 3ª clase. En las tierras de primera calidad se siembra sin interrupción lino, trigo, cebada y habas; en las de 2ª, un año trigo, otro yeros y otro descansa, el 4º año cebada, otro ricas y descansa el sexto; en la de 3ª clase se siembra centeno y avena con un año de descanso. Hay prados segaderos de hierba corta, eras de trilla, exidos concejiles, y dos montes: el de la Sierra, de encina y roble alto de 240 fanegas de sembradura, y el de Mataterrazos, a legua y media, de roble y matorral de unas 120 fanegas. De los dos montes se hacen dos cortas, por San Miguel y en enero, la leña se reparte por igual entre vecinos incluidos curas y viudas, y los habitantes, la mitad; generalmente dos carros al año para los vecinos. Hay en total 45 vecinos y 16 habitantes. De los 45 vecinos 14 son del estado de hijosdalgo y los demás del estado general. Los productos son: trigo, centeno, avena, habas, yeros, ricas, lino, yerba, corderos, queso y lana. Por todo ello se diezma, de diez, uno se da a la iglesia parroquial, 1/3 a la catedral de Burgos, 1/9 a los señores del cabildo parroquial, 1/9 a la encomienda de San Juan de Muradón y caballeros de Malta y el otro noveno restante se divide por igual entre el rey, D. Diego de Lerma y D. Francisco de Vega, vecinos de Burgos. Existen dos molinos harineros de una rueda en el pago de la Laguna, sitos sobre el río que baja de Villamórico y Montes de Oca. De colmenas : 22 pies. Hay 49 pares de labranza de bueyes y vacas. (Lo que parece indicar dominio absoluto de la pequeña propiedad e igualdad social). El común de la villa tiene una casa concejil, una fragua, un corral y los dos montes. Tiene además, suyas propias y de censo perpetuo 280 fanegas de sembradura y 10 fgs de prado segadero, repartidas por igual entre vecinos, a excepción de 70 fgs. que se labra de común por el concejo y se venden después por el regidor y su producto se invierte en el pago se réditos de censos a redimir y otros gastos del concejo.
En fin, agricultura y ganadería, apicultura, caza y pesca. He aquí
un amplio abanico de actividades que, sin duda, permitieron a los Atapuercanos
de ayer vivir con dignidad, en libertad y solidaridad vecinal. Tanta como la
que el autor de éstas líneas desea a los actuales habitantes.
Hoy como ayer, la cercanía de la ciudad y de las grandes rutas comerciales,
el campo del cereal, la ganadería y unas cuevas de proyección
universal, siguen constituyendo las más preciadas señas de identidad.
Conservémoslas. "Los de fuera, sobre todo los que andamos por alguna
que otra razón cerca de Vds. Nos tienen, si así lo desean, dispuestos
a colaborar. A fin de cuentas lo que beneficie a Atapuerca será beneficioso
para todos nosotros. (El Plan Director elaborado por encargo de la Junta de
Castilla y León, ya contempla la ubicación de un centro de Interpretación
o un Museo Etnográfico en Atapuerca, así como la ampliación
del Área declarada Bien de Interés Cultural a los yacimientos
del entorno de la localidad de Atapuerca)".